Inspirados por el
universo tierno y sorprendente de Heena Baek, nuestros jóvenes artistas transformaron sencillas bolsas de tela en creaciones únicas, llenas de color, personalidad y creatividad. La entrañable cebra de sus cuentos volvió a cobrar vida una y otra vez, reinterpretada por cada niño y cada niña con su propio estilo.
Fue una tarde de esas que dejan huella: manos manchadas de pintura, miradas concentradas, sonrisas orgullosas al terminar cada creación y la satisfacción de descubrir que la lectura también puede inspirar arte.
Gracias a todos los participantes.
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