El día antes de la felicidad de Erri de Luca

La tertulia de este libro será el 21 de junio
en la Biblioteca Pilar Barnés


(…) las historias de Don Gaetano eran muchas y cabían en una persona sola. Él decía que porque había vivido en lo bajo, y las historias son  aguas que van a parar al fondo de la cuesta. Un hombre es una cuenca de recepción de historias: cuanto más al fondo esté, más recibe (p. 47).

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Esta novela entró en mi lista de lecturas tras leer la elogiosa reseña de Marcelo Z. La compré en una librería de segunda mano por internet, tiene 153 páginas y el título es una especie de juego de palabras que viene a decir que hay cosas que ocurren de forma inevitable y que puede ocurrir que algo malo acabe siendo bueno y proporcionando la felicidad al día siguiente (o así lo he entendido yo).

Erri de Luca (Nápoles, 1950) es novelista, traductor y poeta. A los 18 años ingresó en la organización “Lucha continua” ligada con el importante movimiento de “Autonomía Obrera” que se desarrolló especialmente en la década de los setenta en Italia y que tuvo influencia en otros países como España. Trabajó en la cadena de automóviles de Fiat y en el aeropuerto de Catania. Empezó la carrera diplomática pero la abandonó, es un autodidacta que habla varios idiomas. Es un apasionado alpinista.

Ha escrito diversas novelas, entre ellas: Tres caballos (2002), Montedidio (2004), El contrario de uno (2005), En el nombre de la madre (2007) y la que se reseña aquí que es de 2009.

En este caso la biografía del autor resulta esclarecedora para comprender mejor su obra. Su compromiso político está en esta novela de forma clara, aunque sutil.
Ser huérfano era la condición natural, todos eran huérfanos, animales y hombres sobre una llanura tan vasta como un océano. Bandoleros, curas sin sotana, anarquistas, irlandeses, Argentina te quitaba del corazón la causa de tu viaje, te daba espacio a discreción. Las soledades regulaban el aliento de cara a los horizontes (p. 50).

Don Gaetano, el portero de un edificio en el Nápoles de los años 50, acoge en su vida casi como un padre al protagonista de esta novela, un adolescente del que no conocemos ni siquiera el nombre. Se trata de un huérfano que vive en una habitación pagada por una madre adoptiva que nunca ve y que le permite estudiar y vivir la vida con gran libertad. Entre Don Gaetano, los libros que le presta Don Raimondo, papel amarillo que recuperaba cuando alguien quería desembarazarse de los libros (p. 21) y su amor hacia Anna, de la que se enamora de niño, transitará de la niñez a la adolescencia y a la edad adulta.

La novela tiene una disposición fragmentaria que se sitúa, de la mano de Don Gaetano, en la II Guerra Mundial, la ocupación nazi y la resistencia; de la mano del protagonista en momentos de su niñez y de su adolescencia. El lector ha de reconstruir el todo a partir del enlace de las partes y la conexión entre el pasado y el presente para definir a los personajes, especialmente el portero y él protagonista de El día antes de la felicidad.

Tiene una forma de escribir muy peculiar, con frases cortas y precisas (sísmicas ha dicho él mismo) y siempre rozando el lirismo.
La luz del día acusa, la oscuridad de la noche otorga la absolución. Salen los transformados, hombres vestidos de mujeres, porque así se lo dice la naturaleza y nadie los molesta. Nadie pide cuentas de noche. Salen los tullidos, los ciegos, los cojos, que de día son rechazados. Es un bolsillo del revés, la noche en la ciudad. Salen hasta los perros, los que carecen de casa. Aguardan la noche para buscar los restos; cuantos perros consiguen salir adelante sin nadie. De noche, la ciudad es un país civilizado (p. 29).

Fuente: Utopía

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